martes, 28 de julio de 2009

Amanecer...

Estaba desesperada, quería salir de aquí estaba harta no quería seguir viviendo. Simplemente no quería, no lo deseaba, no se sentía feliz, no quiere seguir escuchando peleas, discusiones, gritos, nada no quiere escuchar NADA!
Un día como cualquiera de los otros salió de ese lugar que debe llamar hogar, vago por cientos de calles pensaba y escuchaba su música favorita… Se tropezó en la vereda de una calle y como siempre cayó al suelo, se golpeó una de sus rodillas que comenzó a sangrar sobre el pantalón rasgado, comenzó a llorar le dolía demasiado y no tenia con que vendarse la rodilla. Se quedo sentada allí largo rato esperando que la herida cicatrizara por si sola…
Alguien cruzo por esa calle y se quedo mirándola con curiosidad, ya que ella estaba llorando, se le acerco y se sentó junto a ella la miro con mayor detenimiento y vio su rodilla sangrante, entonces rompió una parte de su polera y le pidió que dejara vendarla, ella accedió y el chico vendo alrededor de su rodilla.
-Gracias- le dijo ella con su sonrisa tímida. -De nada- le respondió muy feliz. -¿Cómo te llamas?- Le pregunto él a ella. -Yarem y ¿tú?- -Antu- le sonrió. -Antu, lindo nombre Sol ¿cierto?- -Sí, me gusto el tuyo nunca lo había oído-. -Sí, bueno es bastante extraño…eem Antu yo me voy que estés bien-. Trato de irse pero la rodilla le dolía en demasía y casi se cae de nuevo pero Antu la sujeto justo antes de que llegara al suelo.
-Tú no puedes irte sola yo te llevo, y no acepto ni una negativa-. Yarem lo miró entre sorprendida y enojada pero se dejo acompañar por el chico, ella le indicaba el camino a su casa mientras el trataba de hacerle preguntas para conocerla mejor, se sentía atraído a ella, y ella se dio cuenta sentía que quería contarle sus cosas y le fue contando, pero obviamente ella igual fue sacándole cosas a él, llegaron a la esquina de su casa y no sabía cómo decirle que no la fuera a dejar a su puerta, pero no tuvo que hacerlo él se dio cuenta y en la esquina se fueron despidiendo, ella no quería separarse de él y Antu no quería separarse de ella tampoco. Yarem le dio las gracias y lo abrazo suavemente, él le respondió con un llámame si quieres hablar, le besó la frente y se fue.
Ella siguió su camino y volvió allí donde menos quería estar, ya tenía la edad suficiente para largarse pero por un motivo especial no podía marcharse… por sus hermanos no quería dejarlos solos, no quería que sufrieran simplemente quería verlos felices y que los dejaran vivir su vida aunque sea un poco, Yarem sentía algo extraño estaba todo muy tranquilo y se imagino cosas horribles. Subió la escalera y encontró a su hermano pequeño en el computador y le pregunto por los demás, se quedo con él un rato y más tarde terminó una maqueta que debía entregar mañana en la universidad.
Se puso a pensar en el no podía evitarlo le encanto se sintió feliz, cosa que no sentía desde que tenía dieciséis, le gustaba sentirse así recordó mil momentos felices que tuvo que dejar atrás, hace mucho tiempo que no veía a su mejor amiga quizás después de esas tantas peleas que tuvieron los lazos finalmente se fueron cortando, pensó en su mejor amigo que sigue a su lado después de una y mil maldades y estupideces que han hecho juntos y ahora se sentía igual de feliz que en esos días de antaño, bueno nunca tan antiguos pero para ella sí, se comenzó a imaginar una vida con él quizás el seria su príncipe azul, comenzó a ilusionarse mucho era bueno para ella si, después de todo solo se ha enamorado solamente de un hombre en su vida y digamos que él la dejo horriblemente mal y aun le cuesta interesarse en alguien más.
Sonó su celular…
Salto de su cama, era un mensaje… de Antu.
“Sabes, quizás sea precipitado pero tengo que decirte que conocerte a sido lo más inesperado y placentero que me ha ocurrido desde hace tiempo. Antu”.
Cayó derretida en su cama con esa sonrisa boba que ponen las mujeres…
Yarem fue muy distinta las semanas siguientes, siempre era feliz, siempre disimulo su tristeza pero desde que conoció a Antu su cambio fue bueno ahora no había tristeza interior, ahora todo le resbalaba y era igual de atenta que siempre pero ahora la felicidad llegaba a sus ojos no como antes que solamente llegaba a su rostro. Para que hablar de Antu, nunca se le borraba la sonrisa del rostro… Estaban enamorados así de simple.
Fueron pasando los meses, y llego lo peor para ella presentárselo personalmente a sus padres. Fue una comida un tanto incomoda para ella que no se llevaba bien con ellos, pero quería que Antu se moviera libremente por su casa y al parecer él no se llevo mal con ellos sabiendo todas las cosas que ella le conto y por suerte lo aceptaron. Luego le toco conocer a los padres de Antu y digamos que no fue fácil para ella, ya que ambos (Antu y Yarem) tenían los mismos problemas familiares y por eso le costó disimular un poco pero finalmente le agrado a los padres de Antu.
Pasados unos cuatro meses luego de las visitas a los padres de cada uno Antu se decidió a pedirle a Yarem que vivieran juntos, a ella le costó un poco ya que aun no quería dejar a sus hermanos pero accedió, pensó que sería lo mejor que le pasaría en la vida ahora sí que se sentía cerca de esas situaciones que imaginó esa noche en que lo conoció, llegaron al departamento en que compartirían cualquier momento tanto feliz como malo y vio una figura extraña en el comedor, era la estatuilla de una mujer con los brazos extendidos delicadamente hacia el cielo y en su cuello estaba colgado un anillo…

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